Existe en el país un falso debate traído por los medios de comunicación y atizado por los conservadores homofóbicos locales para arremeter de nuevo con su maquinaria propagandística contra la población homosexual salvadoreña. Y son los matrimonios homosexuales.
Si alguna vez salió al debate público que en este país había homosexuales, fue cuando estos conservadores homofóbicos comenzaron a hablar en contra de este tipo de uniones. Pienso que cuando el tema salió a la luz pública, ni siquiera los homosexuales salvadoreños habíamos pensado en eso.
¿Matrimonios homosexuales? Bueno, quizá. A mi parecer se está poniendo la carreta delante de los bueyes. Saltando del feudalismo al capitalismo. En medio hay un escaño que no hemos saltado, que hemos ignorado.
Para que lleguemos a plantear este tipo de uniones (de lo cual tengo mis reservas) primero debemos de comenzar por el principio, y es el respeto a la población gay del país. No podemos hablar de matrimonios homosexuales cuando antes ni siquiera se respeta la dignidad de los gay.
Por eso digo que es un falso debate. ¡No hay debate! No existe ningún homosexual salvadoreño exigiendo este reconocimiento en la actualidad. La mayoría de gay estamos ocultos, temerosos aún de revelar nuestra identidad ¿Cómo que ahora exigimos matrimonio? Es mentira.
Para bien o para mal, el debate está planteado y si algo tiene de bueno esta farsa (gracias señores homofóbicos), es que la gente se dio cuenta de que existe una población homosexual en el país. Por lo menos saben ahora que por ahí estamos.
Y vean cómo esta maquinaria propagandística en contra nosotros es violenta: el diputado Rodolfo Parker ha dedicado neuronas para proponer que este tipo de uniones sean prohibidas en el país ¡Por dios! ¿A quien va a perjudicar? ¡A nadie! Porque, como he dicho antes, no existe ninguna fila de homosexuales esperando casarse.
Lo que los homosexuales en este país exigimos es simple respeto, que se sepa que existimos, que tenemos derechos, que no se burlen de nosotros en los medios de comunicación, que no se nos grite en la calle, que no se nos asesine por nuestra condición, que simplemente se tolere nuestra existencia… y después los matrimonios gay.